Despertó. Se sentía extraño. Como volver a moverse luego de muchas horas de inactividad. Respiró una rápida y enérgica bocanada de aire, que le provocó una dolorosa sensación de ardor. Lentamente, su conciencia se extendió hasta cada recóndito rincón de su cuerpo. Y pudo sentir su completo ser bullente de vida, de nuevo. Movió frenéticamente sus dedos, alegre.
Abrió los ojos. Lo primero que vio, para su sorpresa, fue el gran y abierto cielo azul, contrastando con las nevadas copas de los árboles. De hecho, descubrió luego, él mismo estaba recostado en uno. Supuso que había llegado allí borracho, luego de alguna de esas, poco frecuentes pero menos extrañas, noches de feliz locura con sus amigos. Sonrió.
Reconoció el lugar en el que había despertado en el primer momento en que echó una mirada general.
-Vaya- carcajeó al ver las lápidas perfectamente alineadas, y su voz se le antojó extraña-. Somos aún menos respetuosos de lo que pensaba.
Camino a casa, si su pobre sentido de la orientación no le fallaba, debía atravesar el cementerio, quizás en línea recta. Comenzó a caminar, aparentemente decidido, por la estrecha senda que quedaba entre la última fila de lápidas y la verja que separaba todo aquello de la blanca, vacía e infinita nieve.
Se distrajo leyendo los nombres grabados en cada una de las enormes piedras mientras caminaba despacio, hasta que la inscripción en una de ellas lo hizo detenerse, de golpe.
Dorian Kershaw.
Amado hijo, hermano y amigo.
12 - Junio 1981
25 Abril 2007
Ése era él. Pero no tenía sentido, pensó, porque para que hubiera una lápida con su nombre el debía estar muerto. Y hasta dónde él sabía, los muertos no se paseaban caminando despacio por los cementerios, ni dormían, ni despertaban. Él no estaba muerto.
-Parece que se adelantaron un poco a los hechos- se sonrió a sí mismo, aún sin despegar la vista de la fría inscripción, fingiendo tranquilidad, sólo para mantenerse calmado.
-No lo hicieron- dijo una voz de niña, suave, respetuosa, pero que a él se le antojó extremadamente impertinente.
Dorian no la había visto porque sus ojos anegados en lágrimas le impedían ver a su alrededor con claridad.
-¿No lo hicieron?- su voz, habitualmente fuerte y convincente, insinuante y provocativa si era necesario, ahora sonaba débil y entrecortada.
Aunque nunca fue un muchacho de rápido razonamiento, aquello lo atrapó al vuelo.
Ella no esperaba otra reacción. De hecho, tenía más que asimilado que lo tomaría de este modo. Cada una de sus reacciones estaba fríamente calculada. Dorian permaneció rígido, mirando lo que minutos antes le había parecido normal y corriente, pero que ahora se había vuelto el centro de su atención. Lo único que realmente veía.
No tenía sentido, no podía ser cierto: Dorian estaba allí, de pie; podía tocar las cosas a su alrededor, no las atravesaba; respiraba, y su corazón
Se llevó rápidamente la mano al pecho, como si su vida dependiera de ello (inmediatamente se dio cuenta de la irónica paradoja que involuntariamente acababa de pasar por su mente). Su corazón, incluso, latía. Entonces, ¿Por qué de pronto sintió como si fuera cierto, aún cuando sonaba plenamente absurdo? Podía haber permanecido así, en silencio, perdido en su lejano mundo de pensamientos, razonamientos y vacilaciones, por horas, pero la suave vocecita de nuevo interrumpió:
-Siempre he podido hacerlo.
Dorian no gesticuló para preguntar qué, siquiera desvió la mirada. Pero luego de unos cuantos minutos de muda desesperación, se volvió para mirarla.
Era pequeña, tendría unos siete, quizás ocho años, pero su mirada reflejaba una extraña sabiduría imposible de alcanzar a tan corta edad. Usaba su pelo castaño recogido en una cola de caballo, y cubría su cabeza con un gorro de lana de vivos colores. Llevaba una enorme chaqueta de color rojo, pero aún así parecía tener frío. Había perdido toda esperanza de recibir una respuesta, o por lo menos algo más que una impasible mirada por parte de Dorian, cuando éste finalmente habló.
-¿Siempre has podido hacer el qué?
Ella miró hacia un lado y se mordió el labio, visiblemente incómoda. No lo miró para responderle.
-Ya sabes
Hablar con los muertos.
Dorian resopló, sarcástico, antes de que se estableciera entre ellos un incómodo silencio. Ella parecía estar acostumbrada a ese tipo de reveladoras conversaciones, pero para él todo aquello era nuevo.
Estaba muerto. Estaba prácticamente seguro de eso. Ahora debía asimilarlo.
Estaba muerto. Sí, sonaba genial: asustar gente, ser invisible. El sueño de todo niño. Eso, visto desde fuera. Si estar muerto implicaba sólo poder hablar con la niña extraña, definitivamente no quería estarlo. Jamás había pensado en la perspectiva de la soledad. Verlo todo, permanecer al margen.
De todos modos, se dijo, así eran las cosas. Así tenía que aceptarlas. Aún tenía dudas, sí, pero la niña estaría ahí un buen tiempo. Soltó una sonora y falsa risotada.
-Bueno- empezó hablando despacio-. Muerto. Pensaría que todo esto es genial, si, bueno, tú no estuvieras aquí mirándome fijo y hablando conmigo- rió, y ella automáticamente fijó su vista en otro sitio-. Eso
digamos que elimina la parte de la invisibilidad, que sin dudas era mi favorita. ¿Qué me queda aún? ¿Atravesar paredes? ¿Intensos gemidos lastimeros que perturben el sueño de todo quien los escuche?
Seguía riendo. Su actitud a la situación, sobre todo luego de aquel largo período de meditación con cara de pánico, fue todo lo contrario a lo que la niña esperaba. Más pruebas de que aún no lo he visto todo pensó. Pero su eufórica sonrisa no duró demasiado.
-Y, pues
¿Qué día es hoy?- preguntó unos minutos más tarde.
-Dos de mayo- respondió en seguida. Y luego añadió:- Dos mil ocho.
Dorian volvió a mirar su lápida. Eso hacía
poco más de un año desde su muerte.
-Y
¿Por qué
Me tomó tanto tiempo
tú sabes, despertar?- pronunció la última palabra con algo de duda. Quizás despertar no era el verbo correcto.
-Bueno, en todos es diferente- explicó ella, aún algo sorprendida-. Algunos toman varios años, otros sólo unos días. Probablemente sea algo así como el tiempo que les lleva asimilarlo- Evitó la cara de Dorian, que la miraba con sorna-, o quizás
Quizás simplemente descansan. De su vida, o algo. No lo sé. Aprovechan para olvidarse de todo antes de salir nuevamente a todo este rollo que es el mundo. O tal vez evitan tener que ver a su familia sufriendo su pérdida. Quién sabe.
La verdad, fría, dura, golpeó a Dorian con fuerza. Familia. Claro. Sabía que había una. De hecho, era un amado hijo y hermano. Pero, ¿por qué no los recordaba?
-No
No recuerdo nada- soltó, amargado.
-Claro que no- dijo ella, con suma naturalidad-. Nadie lo hace.
Permanecieron otro rato en silencio. La mente de Dorian trabajaba a toda velocidad. No podía recordar nada, ni siquiera cómo había muerto.
Estaba asustado. Pero era orgulloso, y se guardó muchas de las miles de dudas que azotaban su cerebro. Tantas cosas no tenían sentido.
-¿Cómo puedes saberlo?- preguntó, de pronto- ¿Cómo sabes que, efectivamente, estoy muerto? Quiero decir, vale, hablas con
los espíritus, o lo que sea. Pero también hablas con los vivos, ¿verdad? Esa lápida puede ser una broma, una de muy mal gusto, incluso
- Se detuvo. Respiró hondo, provocando de nuevo el ardor. Y entonces notó que no había inhalado desde el momento en que lo hizo en el árbol, y comprendió que podía respirar, pero no le era necesario. Llevó nuevamente su mano al pecho, con un movimiento frenético y desesperado. Sí, se podía decir que su corazón latía. Pro, ¿era aquélla frecuencia normal? Se mantuvo así unos instantes, y fue conciente de cómo la velocidad de los latidos disminuía. Estaba deteniéndose-. ¡Incluso tú puedes serlo! ¿Por qué debo creerte? Según el catolicismo- añadió- lo que dices no son más que blasfemias. ¿Por qué aún así siento que debo creerte?
Hundió su rostro entre sus manos, y no esperó una respuesta. No la quería realmente.
-Brilla- dijo ella, simplemente-. La muerte brilla en tus ojos.
La actitud de Dorian cambiaba constantemente, y eso la sorprendía e intrigaba. Su estado de ánimo era, comprendió, muy inestable. Terminó de confirmarlo cuando él levantó de nuevo su rostro y la miró, con una sonrisa cansada y cargada de sarcasmo.
-Sabes que nada de esto tiene sentido.
-Tú aún no te has visto- prosiguió, ignorándolo-, pero tus ojos brillan. Y brillan
con amargura, dolor
No lo sé, en todos estos años no he podido encontrar el adjetivo. Tus ojos brillan con muerte. Tus ojos brillan oscuros- Dorian alzó una ceja. Absurdo. Ella continuó-. Sólo yo lo veo. O quizás todos lo ven, pero nadie lo nota. Yo lo veo, lo noto, y me detengo a contemplarlo. De algún modo es hermoso. Y
respecto a por qué me crees, bueno, puedo decirte que sabías todo esto desde antes de que te lo dijera. Estuviste todo un año en ese sitio, el único al que no puedo llegar, ese lejano sitio dentro de tu conciencia, meditando todo esto. Sabías que estabas muerto. Lo supiste un instante antes de abrir los ojos, allí, bajo aquél árbol.













Comments
--
Spread the love. ♥
Member of =GuitarGirlsClub!
ya te lo dije.
y ya no me siento especial
Fuiste el primero igual
--
Wield the scepter, steal the crown
Time on the throne is running out .
ta, eso nomas
alguna vez participaste del concurso de literatura que hacen en el kennedy? escribis muy bien
Y sí, participé. De hecho en primero gané (: en segundo no, no participé.. Vergüenza, supongo xD
--
Wield the scepter, steal the crown
Time on the throne is running out .
--
Wield the scepter, steal the crown
Time on the throne is running out .
Cuando se te ocurra terminar un libro lo leo de cabeza. Y si tenés cuentos cortos compilalos y metete a algún concurso.
Me encantó.
--
This is a subliminal message wahaha!
Si lo leés de cabeza lo termino antes, tener un lector asegurado me motiva (?
--
Wield the scepter, steal the crown
Time on the throne is running out .
Previous PageNext Page