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Meerkat.

Thu Nov 19, 2009, 4:40 PM
"Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir la falsea, es decir la transforma en otra cosa. Entre el Yin y el Yang, ¿cuántos eones? Del sí al no, ¿cuántos quizá?" (Julio Cortázar)




Todos los seres humanos necesitan alguna certeza. No digo todas, no digo la mayoría, digo, por lo menos, una. Pero si esa única certeza desaparece de la noche a la mañana, entonces es lógico sentirse un poco perdido.
Es difícil aceptar... ¿La diferencia?

  • Mood: Astonished
  • Listening to: A violent strike - Human Abstract

I say WIND.

Thu Nov 12, 2009, 3:29 PM
Cinco de la matina y estaba arriba. Radio Futura pasabe Enjoy the silence, y yo la escuchaba casi con devoción. Me senté en la cama y esperé que terminara.
Apagué la radio, que siempre prendo antes de dormirme, y me paré. Descolgué de la puerta del armario un pantalón y una camiseta. Me vestí lo más rapido que mi energía matutina permitió. Bajé las escaleras, saltando escalones. Me hice un vascolet.
Eran las seis cuando me aburrí de mirar el techo y desperté a papá. No sin esfuerzo, se levantó y me llevó al liceo.

Dos de la tarde. Colonia del Sacramento.
Simón, Kiedanski, Wolmart, Mauricio y yo. Caminando errantes por las calles adoquinadas con nombres de acciones poéticas.
Mientras caminábamos, llegué a la conclusión de que ésa es una de las ciudades en las que podría vivir. Miré al frente y vi extranjeros. Escuché conversaciones. Inglés, portugués. Algún otro idioma.
Simón, único de nosotros con alguna certeza real sobre nuestra ubicación y destino, desapareció con Diego Kiedanski. Quién sabe a dónde.
Los que quedamos pronto nos encontramos en la playa. Yo y Mauricio mirábamos a Wolmart intentando sacar fotos.
Subió a la rambla con el pantalón mojado hasta la rodilla y una sonrisa radiante. Nos sentamos en la única sombra que encontramos, deseando frío y lluvia e invierno. Y un mapa.
-Si tuviéramos un mapa -explique, con gestos exagerados, como de costumbre-, llegaríamos mucho más rapido a donde sea. Fijate. No tenemos al Saimon. ¿Entonces? -también elevé la voz. Esas cosas que hago cuando hablo-. Fa, allá pasa uno con un mapa.

Un pibe alto, rubio y con rastas. Me levanté de un salto y caminé hasta él.
-Disculpá -dije, aunque en el fondo sabía que era inútil-. ¿Tenés idea de dónde hay un.. Centro de Información, o algo así? Para conseguir un mapa como ese.
Lo único que entendió de mi discurso fue mi dedo señalando el mapa. Me miró, con unos ojos tan azules que casi me hicieron retroceder. Sonrió.
-No lo sé- dijo, despacio, separado, con un acento definitivamente inglés.
Fue mi turno de sonreír.
-Okay, then- dije, para evitar la pronunciación uruguaya del "bueno, dale, gracias".
Me miró, ampliando su sonrisa, y de pronto se vio mucho más accesible.
-No, wait- susurró-. If you go that way you'll find the Plaza Mayor- Por algún motivo, el incorrecto de intercambio del sonido "y" (/ll/) por el "sh" de los extranjeros me fascina. Me encanta-. And somewhere near that there's a thing - me mostró en el mapa una "i" de información-. And there you'll get a map. It's quite simple.
Asentí con la cabeza.
-Damn- dije, medio para mí-. I've been there already. How come I didn't see that?
-It's a little house with a wooden roof. You just go in there and say "hey guys, gimme a map". That's what I did.
-I guess that's it. What was your name again?
-Peter.
-Leta- dije-. Leta Napalm.
Hizo una reverencia a lo película ambientada en el 1800. Asentí nuevamente y me alejé. Volví a mi grupo de uruguayos.
-¿qué tanto hablás con ese? -preguntó Mauricio, un poco de mal humor-. No podés hablar con la gente sin mi permiso.
-¿Disculpá?- carcajeé.

Caminamos, despacio, hasta el lugar donde empezamos. La plaza mayor.
Divisé, a unos metros, a little house with a wooden roof.
Empujé la puerta, y agradecí en silencio el aire acondicionado.
La mujer sentada atrás del escritorio me dedicó una muy exagerada sonrisa y me dio la bienvenida al Uruguay, a Colonia, a Colonia del Sacramento, a Barrio Histórico, y a esos precisos metros cuadrados. En inglés.
-Where are you from?- concluyó.
Vi una maravillosa oportunidad para divertirme.
-Lithuania- respondí, sorprendiéndola y sorprendiéndome.
No siguió mucho la conversación. Ahora pienso y agradezco que no supiera Lituano.
Me acerqué a la mesa y le mandé un "I need a map" frío y seco. Como los vientos del suroeste.
Agarró el de más arriba de un montón inmenso. Lo dobló con premura y me señaló los lugares que tenía que visitar. Me habló de cinco kilómetros con hermosas vistas y excelentes playas.
Miré el reloj que me había dejado Kiedanski. Tres y diez. Tres y cuarto teníamos que encontrarnos con el resto del grupo en algún lugar.
Tiré el mapa en mi mochila, junto con la excesiva cantidad de comida, el libro y los proyectos de cuento que había llevado.
El calor volvió a sorprenderme una vez afuera.
Nos quedaban cinco minutos, pero fue tiempo suficiente para separarnos. Terminé en la parte no histórica de la ciudad. En un kiosko. Extremadamente frustrada. Si algo me molesta más que que me hablen en español simplificado, español para principiantes, para extranjeros, es que me digan que le coca cola sale veintitrés pesos uruguayos.

  • Mood: Humor
  • Listening to: Rainbow in the dark - Dio

NDT: Upgrade!

Thu Oct 29, 2009, 10:51 AM
Era miércoles. Se veía el sol como sólo se ve los miércoles.
Iba en el ómnibus, camino a casa. Adelante mío una mujer escribía. Estiré un poco el cuello, como para leer rapidamente algún pedazo del texto largo que la había visto crear.
Leí, básicamente, la descripción de un cadáver y una escena del crimen. Supuse que era algún tipo de policial, sólo momentos antes de que se diera vuelta y me mirara. Fue, tal vez únicamente, el animalismo de su mirada lo que me hizo volver a recostarme en mi asiento.
Permanecí, ensimismada, sentada y quieta. Una voz me sorprendió a mi lado.
-Buenas tardes- Dijo un hombre, cordial.
No lo había visto sentarse.
Lo analicé velozmente. Traía un traje gastado, una corbata, y una expresión que se me hacía familiar. Y un sombrero. Se lo sacó y lo apoyó en su regazo, mientras yo pensaba que, por algún motivo, los hombres de sombrero me inspiraban confianza.
Él sonrió, como si hubiera escuchado y entendido mi comentario mental.
Recordé, entonces, retazos de una conversación tiempo atrás; y me aferré a esa teoría. Continué, en voz alta, mi mudo razonamiento.
-En las películas- dije, despacio-, el de sombrero siempre es el malo.
Volvió su cabeza al frente, y respondió, solamente:
-Todos somos malos.
Resoplé.
-¿Sos de esa teoría? -solté, más replicando que preguntando. Y cité:- "Nos convertimos en pecadores en el momento en que nacemos...".
-No- caracajeó, y me miró nuevamente-. Soy de la teoría que seas. Si no lo pensaras, aunque sea en el fondo, a mí ni se me pasaría por la cabeza. ¿Somos pecadores desde el momento en que nacemos?
Soplé el pelo que me caía en la cara. No respondí, sino que planteé otra pregunta.
-¿Sos mi conciencia, o algo así?
-Algo así- susurró-. Si querés decirme conciencia... Decime conciencia.
Sopesé la idea, una vez más, del Übermensch interno. Uno que supiera todo, y no se cuestionara las verdades evidentes o contradijera los axiomas. Las lecturas de Nietzche definitivamente dejaron algo en mi mente, y, sumadas a mis propios divagues, habían logrado convertir mi concepto de "conciencia" en "la versión idealizada de todos nosotros, opacada por la realidad".
Él soltó una carcajada.
-¿Cón cuál me compararías? ¿Con qué ejemplo de superhombre?
-No sé, con Goethe - dije, después de unos segundos de meditación-. Es el que me cae más simpático.
-¿No te cae simpático Jesucristo?
Fue una pregunta totalmente injustificada, y no se me ocurrió una respuesta coherente.
-No era poeta - sonreí-. ¿No tenés nombre?
-El que quieras darme. Ya que estamos, me podés decir Goethe -guiñó un ojo.
-No- respondí-. No suena lindo. No suena muy Übermensch, ni muy mi conciencia. Serías más el Fausto de Goethe.
Frunció el entrecejo.
-Si vamos por esa, puedo ser el Dorian Gray de Wilde.
Entonces lo miré, por primera vez, con más atención. No era mi imagen de Dorian Gray, ni similar. El que yo había leído era la perfección planteada por alguien más. Éste era más similar a el Dorian Grey que yo hubiera escrito.
-Me gustan los nombres de ciudades- dijo, minutos más tarde-. Son... impersonales pero coloridos. Como el olor de la navidad, o el del verano. El olor del verano...-suspiró-. Es tan terriblemente amarillo.
Entonces entendí que él no era más que el lado divagante de mi mente situado en otra persona, para que yo lo viera. El tono de su voz, su sonido, era el mismo con el que yo imagibana las frases de lord Henry, y su mirada cálida pero fría no era otra sino la de Kirtash.
Esperé a que siguiera hablando, pero no dijo más nada. Se entretuvo doblando su boleto. Dos o tres minutos más tarde, durante los cuales el pedazo de papel fue mamífero, vehículo y vegetal, me tendió un pajaro de dobleces. Esbocé una sonrisa y lo guardé en el bolsillo de mi campera.
-No quiero darte un nombre- dije, entonces.
Demoró en hablar.
-¿Teorías liberalistas?
-Claro.

  • Mood: Neutral
  • Listening to: Go Go Power Rangers! - Megadeth 8D
  • Playing: Bioshock lalalalal
  • Eating: chiquilín con queso (?)

Horda de caos.

Thu Oct 15, 2009, 2:10 PM
C: Caro
A: Andrés (Persona muy lejanamente relacionada con mi familia)


Teléfono.

A: hola?
C: hola :D
A: quién es?
C: Caro. Silva. Cómo andás?
A. Caro! (pausa) Ya tenerte a vos llamando es raro, pero que preguntes cómo ando predispone el apocalpsis.
C: sí, ya sé, pero necesito pedirte un favor.
A: (risa) Bueno. Primero las trivialidades. Bien, gracias. Vos, cómo andás?
C: Bien, bien.
A: ... Bueno, dale. Qué?
C: sí, bueno, mirá. Primero una pregunta, después, según las respuesta, el favor. Que, dicho sea de paso, si llegué a plantearlo, no te va a disgustar tanto.
A: ....
C: Vos te acordás que una vez me dijiste que te gustaba el metal.
A: Sí.
C: Y Metal sumado a un poco bastante de ruido es Trash Metal, así que se podría llegar a decir que te gusta el Trash Metal.
A: Eh..
C: Buenísimo! Mirá. Hay una banda alemana, Kreator, y una banda norteamericana, Exodus, que vienen a tocar acá la semana que viene. Y pasa que dudo muy seriamente que vuelvan a venir.
A: Pero a mí me gusta el metal sinfónico--
C: Ta, sí, escuchame. El Jueves 22, a las seis de la tarde, en el velódromo. Papá no me puede llevar, y los padres de la amiga que va conmigo no tienen muchas ganas. Entonces..
A: Me estabas invitando a llevarte a un recital de Heavy Metal, porque tu padre no te deja ir sin un adulto "responsable".
C: Exacto!
A: Mmmh.
C: Mirá, sería así. Yo, Manu, Vos, y todos los Lopez que quieras llevar. Dale?
A: (risa) Pero...
C: no le busques las fallas a mi plan. Dale, querés?
A: No puedo, es jueves!
C: D: ... Bueno, eeh.. chau.

  • Mood: Neutral
  • Listening to: Time waits for no slave - napalm death

Luxemburgo.

Sat Oct 3, 2009, 3:36 PM
Martes.
Nos estábamos yendo. En cierto momento miré al lado mío y ALejandra no estaba. Me di vuelta.
Alejandra, muy coherentemente, estaba persiguiendo una paloma.
-¿Qué hacés?- pregunté, con ese tono que se le da a las preguntas para que no sean exactamente una pregunta, sino una afirmación sin afirmación en absoluto.
Me miró, con tristeza.
-Le falta un ojo, y no vuela- intentó agarrarla, pero la paloma se movió-. Tomá, ¿me sostenés?
Agarré la campera y la mochila que me tendía. En nuestra aparentemente inútil persecución, habíamos vuelto a la puerta del liceo. Y la poca gente que había por ahí nos miraba algo extrañada. Entre ellos, uno que es amigo de un amigo mío, con el que yo había interactuado un par de veces. Le había pedido al amigo mío que tirara su paquete de rocklets a la basura, pero le dijo que no y me lo dio a mí.
En fin.
Me aburrí de ver los vanos intentos de mi compañera de crimen, por lo que tuve que intervenir.
-Si lo vas a hacer hacelo bien- dije.
Dejé todas las cosas -su mochila, su campera, mi mochila- al cuidado de mi casi amigo Bruno y dui a la caza de la paloma.
Llegué a tocarla un par de veces.
La paloma me esquivó yéndose a la calle, el único lugar que veía con su único ojo, y se metió abajo de un auto. Tuve que pedirle al conductor que no arrancara. Me tiré a la vereda y miré cómo la paloma enfrentaba su muerte.
-¿qué ruido hacen las palomas?
-Prrrrr- contestó Bruno, observándonos y aguantándose la risa.
-Sos una morbosa de mierda- se quejó Ale-. No podés mirar mientras la matan.
-No la va a matar, boba- repliqué-. Ya se movió- me dirigí nuevamente al conductor-. Arrancá ahora.
La paloma atravesó la calle, luego de otra experiencia similar. Ya del otro lado de la vereda, se metió en un lugar bastante inaccesible para los humanos.
Alejandra intentó sacarla empujándola con la mano. No pudo. Probó con palitos. Entonces a mí se me ocurrió algo. Corrí hasta mi mochila, del otro lado de la calle -cruzando, como siempre, de la manera más inconsiente del universo-, y saqué mi cinta de pare. Como está enrollada, es bastante fácil estirarla. Y como son cuatro metros, se puede estirar por lo menos uno sin que se doble.
-Probá con mi espada de jedi- le dije, y se la di.
Cuando la paloma ya estaba a nuestro alcance, la acorralé. Segundos más tarde, la tenía en una mano, y la miraba sin tener idea de qué iba a hacer a continuación.
-Pobre- lloriqueó Alejandra-, le tiraron yerba. ¿un veterinario? Le falta un ojo y no vuela.
-No sé dónde hay veterinarios.
Aún así, caminamos un par de cuadras. Le preguntamos a una mujer cualquiera si tenía idea de dónde podíamos encontrar alguien que nos asista.
-En la calle Michigan- respondió-. Vas por ahí, y doblás a la derecha.
Caminamos por Pilcomayo rumbo a la veterinaria.
En eso se nos ocurrió ponerle nombre.
-Carlos- propuso ella-. Porque es tu paloma y vos sos Carolina.
-¿Carlos?- repetí-. Mmh. No. Que se llame Arquímedes.
-¿;Por qué?
Sonreí.
-Por el búho de Merlín.
Finalmente llegamos a una veterinaria.
Hablé.
-Encontramos una paloma. No vuela, creo que tiene algo en un ala. ¿Hay algo que se pueda hacer?
Se sacó el cigarrillo de la boca, y contestó:
-No, no nos especializamos en palomas.

Entonces volvimos. En Orinoco, Arquímedes decidió caerse y huir. La volví a atrapar, de todos modos. Le pedí a Ale que entrara en un almacén y pidiera una caja. Así no la tenía que llevar en la mano, que ya sudaba debido al calor de la paloma.
Salió con un pedazo de cartón. Definitivamente NO una caja.
Volvimos al liceo, donde muchas personas me gritaron que suelte a mi buen amigo Arquímedes. Algo de una peste.
Entramos al salón de quinto biológico -donde no conocemos a nadie- y preguntamos si alguien quería hacer algo por la paloma. Obviamente, no.
Me metí de contrabando con el animal adentro del edificio central, camino al laboratorio de biología. El plan era dejar al elemento respirante sobre una mesa y tomárnoslas. Estaba cerrado.
Nos encontramos con mi profesor de geografía, quien nos dijo que, si esperábamos como tres horas, él la llevaba a la facultad de veterinaria.
No esperamos tres horas.
Dejamos a Arquímedes en un lugar un poco más seguro del que la enocntramos y nos fuimos.

Que descanse en paz.

  • Mood: Neutral
  • Listening to: Peace - Depeche Mode

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