Martes.
-Yo te espero- dijo.
-No esperes, son ochenta minutos, no vale la pena- respondí.
-¡Claro que vale la pena!- gritó-. Además te la debo.
Me encongí de hombros y me fui. Hubiera preferido quedarme, claro, igual él. Y aunque ambos sabemos que el otro también quiere quedarse, nos vamos. Yo nací peleando orgullo.
-Aaaaacevedo- dijo, déndome vuelta e interceptando al aludido mientras pasaba-. Mi portfolio.
-Ah, sí- dijo-. Pará.
Se giró y sacó mi portfolio de la nada. Juro que no había mochila.
-Tomá- y extendió el brazo-. Mi hermano te corrigió una falta de ortografía.
Pánico. A mí nadie me corrige faltas de ortografía.
-Tu hermano... ¿es ese que está buenísimo de quinto?- pregunté. A veces es la única manera de reconocer a la gente.
-De sexto. Sí- respondió, sonriendo-. Chau.
Y se fue.
Miércoles.
A pesar de ser una excelente mentirosa (no me siento arrogante al decirlo), tengo el triste defecto de no notar cuando otros mienten. Por más absurda que sea tu mentira, si me la decís convencido, te la creo. Muchas veces es porque no tengo motivos reales para desconfiar de la gente. Pero llegar, de todos modos, a la cara de convicción, no es fácil para nadie. No reirte cuando decís que tenés un hermano hombre lobo se vuelve desafiante. Ergo, que te crean es gratificante.
-¡Hay un pingüino en el techo!- gritó el Pollo (departamento de recreación).
Claaa. Pingüinos.
-¿En serio?- pregunté, muy a mi pesar.
¡Sí! Andá, miralo- respondió, sin reirse, nada.
Lógicamente, Ale y yo salimos a mirar el techo. Buscamos. Yo, personalmente, no creo haber visto ningún pingüino.
-Paaa, cómo nos creímos eso- farfulló ella.
Sonreí y se acabó el recreo.
En las siguientes dos horas de clase, cobró vida mi familia soñada. El pedófilo, preso; el necrófilo, estudiante de medicina; los melizos, incestos; el hombre lobo (de verdad, Increíble), extraño por no ser sé
Ah, clase de música.
Continué sobreviviendo el resto del día. Ochenta minutos antes de salir, sin embargo, me asomé por la ventana. Decepcionada, me volví a sentar sin haber visto nada. Ningún moviento, siquiera normal, en las puertas de los salones más alejados.
Terminó la última hora y yo salí, corriendo.
-Esperaste, esperaste, esperaste- me decía, y buscaba.
Él no, pero todos sus amigos estaban ahí aún. Nada más que el orgullo me impidió ir a preguntarles. El hecho de que probablemente sabían todo.
Yo sabía que no iba a esperar, de todos modos. Pero aún así esperaba (quería) que esperase.
No sé si no esperó. Yo lo busqué por todo el liceo e incluso, después, en la playa (había realmente motivos por los que podía estar ahí
Mierda, pensé. Me levanté del asiento y bajé una parada después.
-Dioooos- dije-. Sólo él logra que yo de verdad haga esto.
Es normal que hable sola. Es normal que sea así de obstinada. Es normal que haya creído que tal vez sí había esperado. Pero no es normal que aborte un viaje en ómnibus. El viaje en ómnibus significa realidad. Significa que terminó el día, lo que me interesa del día. Significa que vuelvo, que se acaba, y que si ya no esperó ya no espera.
Pero me bajé, me bajé y volví.
Sorprendida, aún, por mis acciones, llegué nuevamente al liceo. Saludé a los que vi.
-Por casualidad... Vieron...
-Si no lo conozco no me voy a acordar- interrumpió uno, Franco, sensato.
-Sí, bueno. Pelo rojo, relativamente rojo, cara de que se aburrió de esperar...- Todos me miraron con sorna. "Pa, con esos datos, Carolina"-. Probablemente aquélla parada- señalé-. No la mía, la otra.
-No, ni idea- dijo Drift.
Mauricio me miró entrecerrando los ojos.
-¿Querés venir con nosotros al Paintball?- invitó. Mauricio tiene esa tendencia loca de invitarme a todo cuanto hace. "Organizamos un campeonato de póquer", "te juego un 21", "sacamos la ruleta", "vamos al cine con Diego". Pero me habla poco en persona. Generalmente prefiere mandar un mensaje de texto todos los días a las diez de la noche preguntandome por qué no lo quiero. Sólo respondí uno, hace como dos años, depués me aburrí. "Puteame, si querés, pero respondeme": otro mensaje eliminado.
-No, no exactamente- dije, encongiéndome de hombros, y me volví a los demás-. Gracias- Inclinación de cabeza, media vuelta, paso, paso, paso.
Volví a recorrer todo el liceo. Se me ocurrió algún que otro lugar nuevo, pero no estaba. ¿
-Yo te esperé- dice.
-Yo te busqué- digo-, no te vi.
-Es que demorabas, te esperé como diez minutos, me fui.
-Claro.
Jueves.
-¿Te llevás bien con Teresita?- me preguntó Franco en el recreo, después de mi comentario acerca de la nueva adquisición del grupo ulteriormente de dos personas.
No necesité responder a eso, mi cara y moviemiento de hombros respondieron por mí.
-Pero...- de verdad estaba reflexionando-. ¡Ella te saluda!
-Yo la saludo a ella, Franco, mínima cordialidad.
Resopló, burlón.
-No sabés nada de cordialidad.
"Está bien, loco, yo te pegaba, pero tenía cinco, seis, ¿siete?" pensé, no lo dije, porque se estaba yendo corriendo a donde estaba Teresita.
-Noooo, qué gil- dije.
Al rato volvió.
-Dice que le caés bien, salvo por una cosa que hacés. No me dijo qué era.
-Más vale que no hayas dicho algo como "Caro quiere saber si te cae bien". No estamos en segundo de escuela. ¿Te dijo eso en serio?- me reí. Era absurdo.
-¿Qué es lo que le molesta?
Le expliqué. No pierdo nada. "A ella le molesta que yo sea amiga de su ex novio".
Y allá fue él, de nuevo con Teresita para preguntarle si era efectivamente verdad.
Yo me quedé donde estaba, mirando el panorama con ojos críticos y mente más. Los miré fijo hasta que noté que la puerta del salón de quinto año se abría. Caos. Vi cómo Germán salía, y venía a dónde estaba yo, probablemente a explicarme por qué no había esperado el Miércoles. Entonces empecé a mirar a los dos lados. Teresita, Iara, Franco -hablando de Germán-, y Germán.
Hay muchas maneras de salir de situaciones. Enfrentalas, dice la mayoría de la gente. Yo podía haber hecho muchas cosas.
La indecisión, en mi caso situada en algún lado entre el pánico y la estupefacción, me obligó a darme la vuelta y salir corriendo.
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-Creí que con el tono de voz adecuado podía sonar a comentario ofensivo- excusó, e hizo una gran pausa antes de añadir:- Mentira, me había olvidado. No sé, no sé, no sé. Qué triste y a la vez qué útil que puede ser la rutina.
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Wield the scepter, steal the crown
Time on the throne is running out .
Ale dice que es la inercia.
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